La Comisión advierte que prohibiciones unilaterales acerca del diésel podrían ser contraproducentes

Reino Unido, siguiendo los pasos de Francia, ha anunciado que prohibirá la venta de coches diésel, gasolina e híbridos a partir del año 2040. Esta medida está incluida en un ambicioso plan para mejorar la calidad del aire, en un país que aspira a liderar la pugna global contra la contaminación atmosférica. El Plan no llega exento de polémica, ya que no hace referencia al anunciado diesel-scrappage (1), que parece el gobierno someterá a consulta pública a finales de este año.

Mientras tanto, el problema de contaminación por óxidos de nitrógeno y partículas, recaerá sobre las autoridades locales que, por otra parte, según el DEFRA(2), son las que tienen un mayor conocimiento de la situación. Éstas deberán presentar sus planes a finales del próximo año. Una tasa que grave la venta de nuevos vehículos diésel financiaría, en parte, las medidas que decidan aplicarse para el control de la contaminación.

Al mismo tiempo, un documento filtrado de la Comisión Europea pide precaución contra las prohibiciones fuera del marco común de los criterios de la UE: El documento alaba la reducción de emisiones de óxidos de nitrógeno en países como Francia y Alemania, pero insta también a promover el diálogo con los fabricantes de coches, que asume será necesario para impulsar el proceso de cambio hacia tecnologías limpias.

La misiva, filtrada a la prensa especializada, también advierte que prohibiciones unilaterales, tanto a nivel nacional como local, podrían provocar un rápido colapso del mercado de turismos. Sabemos que muchas ciudades europeas han aprobado recientemente restricciones a la circulación de coches diésel. Según este documento, la consecuencia última de estas acciones podría ser la falta de fondos para financiar el desarrollo de nuevos autos libres de emisiones. Se propone que la aproximación al problema se haga a nivel europeo, con los mismos criterios en todo el mercado común.

Pero, el caso es que será difícil establecer una estrategia común hasta que no se haya superado el escándalo del Diesel-gate, y se reestablezca la confianza entre los países miembros en cuestiones de vigilancia. Quizás a través de una Agencia Europea. Sin embargo, el marco para el control de emisiones de vehículos aún está en proceso de aprobación en el Parlamento Europeo. Parece que, después del verano, comenzarán las negociaciones. En paralelo se trabajará para aprobar el sistema de común de control de emisiones en condiciones reales de conducción.

Al mismo tiempo, la cancillera alemana también advierte del peligro de demonizar la tecnología diésel y se afirma, que Alemania no seguirá los pasos de Francia e Inglaterra. Aunque miembros de su propio partido han declarado que “será necesario deshacerse de la tecnología de combustión a corto plazo” y que no sería inteligente que la potente industria alemana de la automoción no liderase el cambio de paradigma.

Parece que las predicciones del Instituto Graham, de las que informábamos el pasado febrero, acerca del final de la era del petróleo, no iban en absoluto desencaminadas. Y, unos meses después dos de las principales economías europeas anuncian un giro que afectaría radicalmente a la economía basada en combustibles fósiles.

 

 

 

 

(1)   El diesel-scrappage es el equivalente a un Plan Renove, en el que se pretendía ofrecer un incentivo económico para que los propietarios de los as diésel los cambiasen por otro tipo de , sobre todo en zonas especialmente sensibles.

(2)    El Departamento de Medio Ambiente del gobierno británico: Department for Environment, Food and Rural Affairs

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