Sequía en California: ¿debemos prepararnos para restricciones en el uso de agua?

California está sufriendo su cuarto año de sequía consecutivo y todo el mundo habla de los efectos del cambio climático. Se impone un cambio de modelo en una sociedad que se ha planteado un crecimiento basado en el uso ilimitado de recursos. Será dificil cambiar la mentalidad de un Estado que se ha desarrollado con la idea de un suministro de agua abundante y barato y un gigantesco desarrollo agrícola en lugares por unas precipitaciones propias de una zona desértica. Mientras los agricultores continúan extrayendo agua del acuífero y produciendo más de la mitad de frutas y verduras consumidas en todos los Estados Unidos. Los niveles de los acuíferos han llegado a bajar 15 metros o más en poco tiempo, provocando también subsidencias del terreno, con los consecuentes problemas de estabilidad en estructuras.

El gobernador de California ha impuesto una restricción obligatoria del 25% en el consumo de agua a los usuarios domésticos, después de que el 20 % de reducción voluntaria sugerido en enero de este año no haya funcionado. Aunque esta reducción no es honogénea en toda California, imponiéndose mayores restricciones en los lugares que presentan mayores consumos.

Palm Spring, en el medio del desierto, tiene un consumo de 760 l/d per cápita, que dobla la media del Estado (en España el consumo medio está en 142 l/d, según datos del INE de 2011). Aquí han sido impuestas reducciones del 50% y se paga a los residentes por sustituir los céspedes y flores por piedras y cactus y vegetación típica del desierto.

La reducción del 25% no será aplicada al sector agrícola, que representa el 80 % del consumo total. Fuentes gubernamentales informan que, en breve, se aplicarán medidas de reducción de consumo , así como exigencias para sustituir determinados cultivos por otros con menor huella hídrica.

El lobby agrícola ha resistido, hasta ahora, a los cortes de suministro, aunque de todas formas tenga que afrontar los problemas derivados de un acuífero sobreexplotado. Una situación que no es sostenible a largo plazo. Se obligó a dejar en barbecho el 5 % de los terrenos de regadío y se espera que este año el porcentaje sea mayor. También se plantean otras medidas como prohibir extraer agua de los pozos en años húmedos para que se recargue el acuífero, o dejar algunos terrenos inundados y de esa manera se drene agua al subsuelo.

Los usuarios domésticos también sufren las consecuencias de la sequía y no solo en los cortes de suministro sino también en el aumento de precio del agua.  En Fresno se han subido las tarifas del agua, “menos de lo que cuesta un café con leche en Starbucks” según palabras del New York Times y ya se habla de suicidio político del alcalde.

Aún así parece que el incremento de tarifas puede ser uno de los elementos que más controlen el consumo. La ciudad de Santa Fe (Nuevo Méjico), hace 15 años, hizo pagar mucho más a los grandes consumidores, hasta 3 veces más por galón que los consumidores eficientes. Esto ha provocado el descenso del consumo per cápita, llegando a una quinta parte de lo que era en 2001, antes de la aplicación de la medida, a pesar de que la población haya aumentado un 10%.

Además, otra serie de medidas disuasorias, como la publicación mensual en los medios de los 10 mayores despilfarradores de agua o descuentos en la factura por la compra de electrodomésticos eficientes, contribuyen a una asombrosa reducción del consumo.

 

Fuente: The New York Times, The Wall Street Journal

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