Incendios en California producto del cambio climático

El pasado mes de octubre se sucedieron múltiples incendios en California, la gran mayoría de ellos, de forma simultánea. Los incendios forestales han afectado a dicho estado de norte a sur, carbonizando extensiones de tierra mayores que Filadelfia y destruyendo cientos de hogares y negocios.

Tras el largo y cálido verano, la humedad es baja, los campos se secan y los fuertes vientos otoñales contribuyen a que la maleza se convierta en pasto de las llamas. Esta  época es previa a las lluvias invernales, que arriban para humedecer la vegetación más tarde de lo necesario. Según Cal Fire, El Departamento de Silvicultura y Protección contra Incendios de California, la duración de la temporada de incendios ha aumentado 75 días en las últimas décadas.

En las últimas décadas, los científicos han observado que el aire de la zona es más caliente, seca más rápidamente las plantas y estas arden con mayor facilidad. En el último siglo, la temperatura de California ha aumentado 1,6 ºC, mientras que la media global lo ha hecho casi en 0,5 ºC. 

A pesar de que los incendios frecuentes son comunes en el estado de California, desde la década de los 70, la superficie asolada en el territorio se ha quintuplicado. También se ha incrementado la intensidad de estos fuegos. Es decir, estamos ante un cambio no lineal. Un pequeño cambio de temperatura quintuplica la superficie quemada.

Conforme el clima se calienta, la nieve del invierno empieza a derretirse antes, la primavera llega antes, la estación seca se extiende y la vegetación se vuelve más vulnerable al fuego. Aunque las lluvias otoñales son más intensas, la sequía también lo es. La variabilidad provocada por el cambio climático hace complicado predecir los patrones de viento, lluvia y nieve. No obstante, el incremento del calentamiento y la sequía son evidentes.

Los vientos con fuerza huracanada hacen muy complicada la tarea de los bomberos de detener los incendios, hasta el punto de poner en grave riesgo sus vidas. Los vientos propios del otoño y el invierno contribuyen a propagar los incendios por todo el estado, soplando de este a oeste, mientras que el aire más seco y cálido desciende por las grandes cordilleras montañosas.

Bomberos, investigadores y los propios californianos confirman que la intensidad y la ferocidad de estos vientos ha ido en aumento en los últimos años, una situación que se ha visto agravada por la rápida expansión suburbana de los Estados Unidos, próxima a los bosques. Este desplazamiento poblacional iniciado en la década de los 90 comporta la necesidad de defender más estructuras cercanas al bosque en caso de incendio, lo cual es mucho más dificil. Asimismo, ya no sólo se quema vegetación sino viviendas e infraestructuras urbanas y suburbanas con una carga contaminante mucho mayor. 

La conclusión más importante de esta temporada de incendios es que los desastres de 2018 no fueron un incidente aislado por una línea eléctrica sino el principio de una nueva tendencia.

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