Efectos de la prohibición china de importar polietileno y otros materiales

Desde que China prohibió, en 2018, las importaciones de papel y plástico mezclado e impuso restricciones a otros residuos exportados desde Estados Unidos y gran parte del mundo desarrollado, otros mercados populares para la basura de Occidente, como India, Malasia, Vietnam, Tailandia e Indonesia han tomado el relevo aplicando normas más estrictas y centrándose en el desarrollo de sus propias industrias de recolección de residuos.

Las restricciones se han basado en aumentar el grado de pureza de estos productos para poder admitirlos. De esta manera, su separación, si es que se quiere reciclarlos, se ha de hacer en el país de origen.

Los flujos de exportaciones globales de plásticos, incluido el polietileno (empleado en bolsas de la compra y botes de champú, por ejemplo) han dado un giro radical. En 2017, China fue el principal destino de residuos de polietileno estadounidense, con un total de 600.000 toneladas anuales. Un año después, la cantidad se desplomó alrededor de un 89%. Por otra parte, las exportaciones de papel mixto cayeron un 96%.

La oferta interna de estos productos en los países que antes exportaban se ha disparado y, en la mayoría de los casos, la segregación de estos materiales no es viable por su escaso o nulo valor para el reciclaje al estar sucios o mezclados. A cambio, se opta por probar estrategias alternativas como la valorización energética, como es el caso de Inglaterra, o su depósito en vertederos, como prefiere hacer Estados Unidos, donde no hay tanta oposición a esta solución. También se están lanzando campañas educativas de concienciación ciudadana (como ocurre en Filadelfia y Arizona, o realiza el contratista de residuos Paper Round, de Londres). No obstante, en algunos casos, se acaban abandonando los programas por completo. Por su parte, Japón, segundo país exportador de residuos plásticos del mundo, trata de estimular su tratamiento nacional. 

Ante la necesidad de encontrar más material reciclado con el objetivo de reducir las emisiones y los residuos, las empresas americanas están recurriendo, también, al reciclaje químico con tecnologías emergentes de las que no se conoce plenamente su impacto ambiental. Mientras las compañías de bebida están obligadas por una directiva europea que las botellas de plástico usen un 30% de plástico reciclado a partir de 2030, el Reino Unido planea gravar los envases de plástico que contengan menos del 30% de contenido reciclado en 2022.

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