Las intervenciones humanas en el ciclo del agua pueden resultar caras

En las Comores, un bien de uso común como son los bosques se ha destruido libremente para incrementar las tierras de cultivo, sin reparar en que esto supondría la desaparición del agua acumulada en los acuíferos y la consecuente escasez de agua. Así, como se describe en la teoría de la tragedia de los comunes, el beneficio de unos pocos supone un detrimento para el colectivo.

Desde la década de 1950, Anjouan, una isla de las Comoras, frente a la costa de África oriental, soporta la tala indiscriminada de bosques. A pesar de que recibe más precipitaciones anuales que la mayoría de Europa, alrededor de la mitad de sus ríos permanentes han dejado de fluir en la estación seca. Los desaparecidos bosques nubosos, con gran variedad de musgos y vegetación, se encargaban de absorber la elevada densidad de niebla de la superficie que, posteriormente, era dirigida hacia el suelo, donde las gotas de agua seguían su curso hacia los ríos.

La escasez llega hasta tal punto que en algunas partes del país es difícil obtener agua, lo cual se ha convertido en un problema. Según los expertos, lo que está ocurriendo en Anjouan podría ser un ejemplo de lo que sucederá de manera más acusada en muchos países en desarrollo que, además, también padecen el aumento de la población. Alex Forbes, gerente del trabajo del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, reconoce que “necesitamos mejorar colectivamente el manejo de la tierra para mantener los medios de vida y la producción”.

La mano del hombre ha provocado la disminución en el rendimiento de los cultivos y miles de personas se han visto obligadas a abandonar sus aldeas en las Comoras para buscar trabajo en otros lugares. 

A pesar de existir un proyecto dedicado a restaurar la cubierta forestal y a ayudar a los agricultores de la zona, el cual está siendo financiado por las Naciones Unidas, la restauración de los bosques es todo un desafío, y más en particular, el bosque nuboso.

En la isla, donde tres cuartas partes de la población está involucrada en la agricultura, muchos de sus agricultores no tienen más remedio que recurrir a grandes cantidades de fertilizantes químicos.

La tragedia de los comunes también se repite en la cuenca del Mekong. En el tramo final de la misma, se está padeciendo una sequía que empieza a ser estructural. China ha aprovechado que la mayor parte de la cabecera está en su territorio para desviar los recursos hídricos de los que disfrutaban sus vecinos. Las represas construidas están afectando los caudales y calidades del  Mekong, uno de los ríos más fértiles de la tierra y del que dependen sus vecinos Tailandia, Laos, Camboya y Vietnam. 

A pesar de que su ministro de Relaciones Exteriores, Wang Yi, afirmó que el país también sufría por la escasez del Mekong, una investigación de climatólogos estadounidenses demostró que China no padecía las mismas dificultades a las que hacía referencia. Sin embargo, las represas de Beijing parecen ser los causantes directos de los récords de bajos caudales de agua de los países vecinos. 

China regula el flujo del río a través de sus presas de forma deliberada, sin previo aviso y sin mostrar preocupación por la población local, la cual empieza a manifestar una creciente reacción violenta ante tal situación de desigualdad. Su ambición se manifiesta en la cantidad de represas que tiene en el Mekong y que producen mucha más energía de la que necesita la región.

Esta misma política la están llevando los países aguas abajo con los que están a continuación de ellos. Docenas de pueblos, como el de Lat Thahae, al norte de Laos, están siendo demolidos para proceder a la construcción de represas. Aproximadamente la mitad de estas infraestructuras, construidas o por construir en Laos, están asociadas con empresas chinas. De hecho, el país ha obtenido préstamos de instituciones estatales chinas para financiar sus proyectos. 

Estas represas no solo forzarán la reubicación de las aldeas y otras poblaciones río abajo, sino que también afectarán seriamente a la pesca, la agricultura y el ecosistema del territorio. En Vietnam, los funcionarios temen que los habitantes del delta del Mekong tengan que mudarse por ello y por el cambio climático

Las consecuencias en el Mekong empiezan a vislumbrarse cuando Estados Unidos, Occidente e incluso el Banco Mundial ya habían optado por desmantelar las represas y considerar otras fuentes de energía más sostenibles, como la solar y la eólica. Camboya, por su parte, ha empezado a paralizar proyectos previstos con financiación china.

Todos los expertos señalan como la raíz del problema a la clase dirigente de este último país que ve a los ríos como un producto a explotar en detrimento de otros y no como un recurso a compartir.

 

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