Cambio Climático: El incremento de la temperatura y la amenaza para el ciclo del agua

Según el Servicio de Cambio Climático de Copernicus, el pasado invierno ha sido, con diferencia, el más cálido en Europa desde que existen registros (alrededor del año 1850). Entre diciembre de 2019 y febrero de 2020, el promedio se ha situado casi 1,4ºC por encima del recogido el invierno de 2015/16, cuando se produjo el fenómeno del Niño. El pasado invierno, la temperatura se incrementó 3,4ºC por encima de la media, comparado con el periodo 1981-2010. 

Temperatura media en Europa en invierno con relación al periodo 1850-1900 que sirve de referencia

La Organización Meteorológica Mundial ha confirmado, además, que este año se ha registrado el segundo febrero más cálido de la historia en Europa, con 3,9ºC por encima del promedio de los meses de febrero comprendidos entre 1981 y 2010. 

En Alemania, las suaves temperaturas han supuesto la pérdida de la cosecha del vino de hielo, producido a partir de uvas vendimiadas a mano en estado de congelación y prensadas con los cristales de hielo. Si continúa lo acontecido este año, una tradición que ha persistido durante casi dos siglos podría finalizar. 

Esta clara tendencia hacia inviernos más cálidos ha perjudicado viajes en barco por el río en Alemania, ha dado lugar a la necesaria importación de nieve para eventos deportivos en Francia, Rusia o Suecia y ha dificultado el pastoreo de renos en el norte de este último país. 

Pero las temperaturas inusualmente cálidas en invierno no han sido solo cosa de gran parte de Europa, sino que también se ha dado en regiones como Siberia, Asia Central, el noroeste de África, América del Norte y del Sur, la Antártida Occidental, Irán o Afganistán. 

Ciertas zonas del estado de California también han padecido su febrero más cálido y, a la vez más seco, acompañado de escasas o nulas precipitaciones, según la zona. Las altas temperaturas asociadas al cambio climático secan el suelo, y las plantas no pueden obtener la humedad necesaria, lo que incrementa el riesgo de incendios forestales.

Desde las estribaciones de Sierra Nevada hasta los cañones de los Ángeles, funcionarios y residentes se organizan para protegerse de una temporada de incendios con simulacros de evacuación masiva y se diseñan planes de emergencia para empresas y residentes. Además, se está alentando a las personas a reducir la vegetación conbustible próxima a sus hogares y se mapean posibles rutas de escape. Los bomberos asumen que habrá incendios demasiado grandes para poder extinguirlos, pero al menos esperan reducir la velocidad de propagación y ganar tiempo para la evacuación. 

El Monitor de sequía de los Estados Unidos (USDM) también muestra que gran parte de Oregón, Nevada y el estado de Washington han experimentado condiciones anormalmente secas.

En Sudáfrica y Zimbabwe la sequía también se ha hecho patente en los últimos años, algunas áreas están quedando desérticas, casi no queda vegetación natural debido a la escasez de precipitaciones. Aunque los estudios sobre cambio climático auguraban que esto sucedería, no esperaban que llegase tan pronto. La sequía ha provocado la mayor hambruna de Zimbabwe en 40 años y está poniendo contra las cuerdas a las explotaciones de ganadería extensiva. La creciente sequía, supone un desafío para el sector agrícola, que se está endeudando para sobrevivir .

Por otro lado, se confirma que una de las mayores causas del cambio climático es de origen antropogénico. Según un estudio publicado en la revista Nature, el petróleo y el gas podrían ser una amenaza climática más importante de lo esperado. Las emisiones de metano liberadas por la industria de combustibles fósiles son más dañinas que el dióxido de carbono y muy superiores a las emisiones de metano de los fenómenos naturales. El ganado, los vertederos y otras fuentes relacionadas con la actividad humana también emiten grandes cantidades metano.

Según un estudio realizado por World Weather Attribution, un grupo internacional de científicos, el cambio climático causado por el hombre también tuvo un impacto en los recientes incendios forestales devastadores en el sudeste de Australia. Los resultados del análisis muestran que este tipo de catástrofes han aumentado en, al menos, un 30% debido al cambio climático antropogénico, desde 1900. Lo que comenzó con la sequía, seguido de los incendios, dio pie después a tormentas tropicales que la tierra seca es incapaz de absorber. 

Lesley Hughes, científica climática de la Universidad Macquarie en Sydney afirma que «está absolutamente previsto que nuestro clima sea cada vez más variable y más severo«.

Y es que, en un mundo con calentamiento global, los niveles generales de precipitación no menguarán, sino que la distribución de estas precipitaciones cambiará, y los episodios de sequía e inundaciones serán más intensos y periódicos.

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