Las posibles consecuencias del cambio climático, avances del mar, posibles enfriamientos y planteamientos drásticos

Alrededor de 600 millones de personas viven en zonas costeras. Se estima que, a finales de este siglo, el nivel del mar ascenderá entre 30 y 120cm y aumentarán la frecuencia e intensidad de las mareas y tormentas. Es por ello por lo que la población en la costa es la más vulnerable a las consecuencias del cambio climático.

Los primeros indicios del cambio climático ya se ven en el avance del mar en muchos puntos de la costa. El océano pacifico, por ejemplo, ya ha afectado a dos puntos de la costa de muy distintas características: el área metropolitana de Manila y la bahía de San Francisco. El primero está en un país en desarrollo y cuenta con 7 millones de habitantes; el segundo es uno de los lugares más prósperos del mundo y tiene alrededor de 14 millones de habitantes. 

En ambos lugares se enfrentan a una difícil decisión: el abandono de sus propiedades y recular hacia el interior del territorio o contener el aumento del mar construyendo diques. Ambas decisiones comportan grandes costes económicos. En Manila el cambio climático ha exacerbado un problema presente desde hace décadas. La proliferación de estanques de piscicultura y extracciones masivas de agua de los acuíferos locales han hundido el terreno, favoreciendo la intrusión del mar. Las tormentas tropicales también han contribuido a la inundación de las poblaciones costeras donde sus habitantes viven en casas flotantes y cada vez más incomunicados. 

En la bahía de San Francisco, donde en el último siglo el nivel del mar ha subido entre 10 y 20 cm y, donde se espera que suba entre 1 y 2 metros antes del 2100, por el contrario, las administraciones disponen de capacidad financiera para fortificar y proteger su frente marino. Los votantes en San Francisco han aprobado una inversión de 425 millones de USD para la construcción de una barrera costera de protección que impida la destrucción de propiedades privadas, línea de metro y de tren y parte de la red de alcantarillado de la ciudad. El aeropuerto de San Francisco se encuentra cerca del litoral y ha recibido una inversión adicional de 587 millones de USD para su protección. Las nuevas promociones inmobiliarias en el barrio de Mission Creek (San Francisco) ya prevén el futuro aumento del nivel del océano y han decido elevar las carreteras y almacenes más de 3 metros. Sin embargo, estas construcciones son costosas y el ayuntamiento ha tenido que decidir qué partes de la costa fortificar. En algunos sitios, los habitantes se han visto obligados a marcharse lo que ha causado, a su vez, un gran déficit en la recaudación fiscal de estos municipios al reducirse los ingresos asociados a los impuestos de propiedad. 

En diferentes puntos de Estados Unidos tanto en el litoral como en el interior, se expropian casas y terrenos propensos a las inundaciones. Los estados de New York, Texas, Louisiana, Indiana, Wisconsin, Iowa, North Dakota y otros tienen este tipo de programas. En New Jersey, desde la super tormenta de 2012 el ayuntamiento tomó consciencia del peligro existente. El programa Blue Acres, en previsión de la subida del nivel del mar, busca desplazar la población en zonas inundables, expropiando las casas para demolerlas y crear marismas que actúen como barrera. Este programa quiere expropiar de forma voluntaria más de 1000 casas, aunque los propietarios sean reticentes a aceptar los precios ofertados por considerarlos bajos.

En Europa la subida de los océanos afectaría particularmente a los Países Bajos donde un tercio de su territorio ya está por debajo del nivel del mar. Científicos holandeses están estudiando la posibilidad de crear dos mega-diques en el mar de norte. El primero de alrededor 170 kilómetros de largo cruzaría el canal de la Mancha; el segundo de unos 550 kilómetros se extendería de Escocia a Noruega. Estas obras se estiman que costarían entre 250 y 500.000 millones de euros y protegerían a más de 25 millones de personas. Sin embargo, la construcción de estos gigantescos diques comportaría inmensos costes medioambientales y económicos. El mar del norte y el mar báltico se quedarían sin acceso a las rutas comerciales marítimas y estos mares se tornarían de agua dulce cambiando drásticamente el ecosistema actual. 

Mientras esto ocurre, se han de mover faros en Dinamarca o se evalúa como responder a la pérdida de la mitad de la superficie de playa en Cataluña para 2050. 

En Nueva York se está estudiando también la construcción de un dique de 120.000 millones de USD a lo largo de 6 millas de largo para proteger la cuidad, aunque Donald Trump se ha posicionado públicamente en contra.

En los Grandes Lagos también se está experimentando una pérdida de territorio ante la subida del agua. Este fenómeno es causado por las excesivas precipitaciones (lluvias, fuertes nevadas, …) que llevan repitiéndose durante numerosos años consecutivos. El año pasado, por ejemplo, se batió un récord histórico al ser el año con más precipitaciones en los Grandes Lagos desde que se mantiene un registro. Sin embargo, en 2013 los lagos Huron y Michigan tuvieron su año más seco en toda su historia. El calentamiento global está desequilibrando los ciclos hidrológicos y exacerbando tanto las precipitaciones como la evaporación. Esto lleva a aumentos y descensos drásticos del nivel del agua en los lagos. Millones de dólares se están destinando para fortificación de la costa y contener la subida del agua de los Grandes Lagos

Pero no todas preocupaciones están en las subidas del nivel del mar en océanos y lagos. La Nasa y otras agencias están preocupadas por las anomalías en el remolino de Beaufort (Gyre Beaufort). El remolino de Beaufort es una corriente oceánica impulsada por el viento ubicada en la región polar del océano Ártico. El remolino recolecta agua dulce del deshielo de los glaciares, de las precipitaciones y de los ríos. Este remolino sigue el sentido de las agujas del reloj y es fundamental para mantener el norte del planeta frío.  El agua dulce reduce la rapidez con la que se deshielan los glaciares. En esta última década se ha presenciado un rápido deshielo de los glaciares. Grandes extensiones de mar, antes congeladas, se han visto expuestas a los fuertes vientos que, impulsando las corrientes, han acelerado el remolino de Beaufort. Esta aceleración amenaza con cambiar el sentido del remolino de Beaufort y lanzar grandes cantidades de hielo y agua helada hacia Europa.  Ello comportaría un espectacular descenso de las temperaturas en toda Europa.

En los próximos años nos veremos abocados a decisiones complejas, y muy costosas, sobre la conveniencia de invertir fondos públicos para salvar territorio del avance del mar. Mientras tanto, las decisiones sobre cambios de modelo para reducir los gases de efecto invernadero se retrasan. 

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