Los esfuerzos para incentivar la eliminación del plástico en europa se ven mermados por el Covid-19

En los últimos meses, han surgido numerosas medidas enfocadas a incentivar la eliminación del plástico en Europa.

Un estudio de la Agencia de Investigación Ambiental (EIA) y Green Peace afirma que las 10 principales cadenas de supermercados de Gran Bretaña generan 810.000 toneladas de plástico de un solo uso cada año (datos de 2018), además de 1.100 millones de bolsas de un solo uso y 1.200 millones de bolsas ligeras de plástico para frutas y verduras.

La conciencia creciente en los compradores sobre cuestiones ambientales y la importancia que ha adquirido el plástico entre estas, suponen cierta presión para los grandes distribuidores. Por eso, muchas cadenas de distribución han empezado a tomar medidas para reducir el plástico y eliminarlo siempre que sea posible.

A principios del año pasado, la cadena de supermercados Tesco se comprometió a prohibir en sus tiendas las marcas que usen embalajes excesivos.  También ha puesto en marcha el plan «Eliminar, reducir, reutilizar y reciclar», para acabar con los materiales difíciles de reciclar. Sin embargo, la empresa apuntó al Gobierno británico la necesidad de una infraestructura nacional que mejore la reciclabilidad de los materiales utilizados en los envases.

Por su parte, el pasado verano, los supermercados Morrisons y Waitrose empezaron a poner en marcha estaciones de recarga para permitir la compra granel. 

Sainsbury’s, la segunda cadena de supermercados más grande del Reino Unido retira todas las bolsas de plástico para frutas y verduras. A cambio, ofrece bolsas de red hechas de botellas recicladas y alienta a los clientes a traer sus propios recipientes.

La problemática del plástico de un solo uso no solo preocupa al Reino Unido, otros países europeos como Italia y España llevan meses planeando y aplicando medidas para reducir el consumo de plástico.

El pasado mes de octubre, el Gobierno italiano propuso una serie de iniciativas para reducir el plástico de un solo uso, entre las que se encuentra la de incentivar la venta de productos (alimentos, bebidas, champús, jabones líquidos y detergentes) en dispensadores o en envases reutilizables. Los compradores recibirían descuentos en estas compras.

Además, en enero, el Gobierno italiano aprobó un impuesto sobre el plástico con el que gravar con 45 céntimos cada kilo de plástico y que se pretende aplicar el próximo 1 de julio (si la crisis del coronavirus no lo impide). Esta misma medida la incluye el Anteproyecto de Ley de residuos español, actualmente en periodo de información pública. 

Otras medidas a destacar son: las de las máquinas que cambian botellas de plástico por créditos para el metro y el bus, como ocurre en Roma; o, los puntos que obtienen algunos ciudadanos de municipios catalanes por reciclar sus residuos en el contenedor amarillo, que pueden canjearse por beneficios materiales sostenibles o ayudas sociales.

La llegada del coronavirus ha supuesto un serio revés a la reducción del uso de plástico que pudiera haberse conseguido con las numerosas propuestas que han ido surgiendo en los últimos meses. El uso masivo de mascarillas y guantes de un solo uso se ha convertido en un grave problema de contaminación y en una nueva amenaza para el medio ambiente. Estos artículos se fabrican con material no reciclable y esto significa que su destrucción implica el uso de gran cantidad de energía.  Además de las emisiones contaminantes asociadas a su eliminación, ya sea esta gestión vía incineración o depósito en vertedero. 

La epidemia del Covid-19 también ha disparado el consumo de bolsas de plástico, botellas de agua, recipientes de comida a domicilio y embalaje del comercio online, etc. En definitiva, materiales desechables de un solo uso.

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