No vamos en la dirección correcta

Millones de personas ya están sufriendo los efectos catastróficos del cambio climático,
desde la sequía prolongada en el África subsahariana hasta las devastadoras tormentas
tropicales que se extienden por el sudeste asiático, el Caribe y el Pacífico.  Los efectos
del calentamiento global continuarán aumentando con el paso del tiempo, creando un
desastre para las generaciones actuales y futuras. Y se agravarán y aumentarán las
desigualdades existentes.

Brasil lidera en destrucción de bosques tropicales

La pérdida total mundial de bosques tropicales primarios o antiguos (casi 4 millones de
hectáreas, un área casi del tamaño de Suiza) en 2019 creció un 3 por ciento respecto a
2018 y fue la tercera más grande desde 2002. Solo 2016 y 2017 fueron peores, cuando
el calor y la sequía provocaron incendios récord y deforestación, especialmente en
Brasil. Brasil y muchos otros países tropicales experimentan incendios en sus bosques cada año. Brasil tuvo un muchos en 2019, especialmente en agosto. Los incendios, de los que se informaron ampliamente en las redes sociales, provocaron una condena generalizada de grupos ambientalistas y líderes mundiales que han criticado al presidente brasileño, Jair Bolsonaro.

Esa destrucción puede ocurrir de varias maneras: tala para la agricultura, ganadería,
minería u otros usos y para el acompañamiento de carreteras y otra infraestructura; tala
selectiva; o a través de incendios que se establecen como parte de los esfuerzos de
limpieza de tierras para ganadería o agricultura.

Los bosques no son lo único que desaparecen

Al mismo tiempo, las extinciones de especies también se aceleran. El consenso
científico es que la pérdida no natural de biodiversidad se está acelerando, y si continúa,
el planeta perderá vastos ecosistemas y los recursos que nos brindan, como agua dulce,
polinización y control de plagas y enfermedades dentro de éstos.

La tasa de extinción estimada entre las especies de vertebrados terrestres es
significativamente mayor que las anteriores. Se prevé la desaparición de más de 500
especies en los próximos años. Al mismo tiempo, la ventana de oportunidad para
prevenir estas pérdidas se cerrará mucho antes de lo que se suponía anteriormente, en 10 a 15 años.

Nos hacemos daño a nosotros mismos

Entre el 60 y el 75 por ciento de las enfermedades infecciosas emergentes en humanos
provienen de otros animales. Muchas zoonosis (rabia, peste, Lyme, ántrax, enfermedad
de las vacas locas, SARS, Ébola, Nilo Occidental, Zika) cobran gran importancia en la
conciencia pública. Algunos de ellas han causado las epidemias más mortíferas en la
historia de la humanidad. Aunque las zoonosis son antiguas, su número ha aumentado
en las últimas décadas.

Los patógenos zoonóticos generalmente no nos buscan ni se topan con nosotros por
casualidad. Cuando las enfermedades se trasladan de animales a humanos, generalmente se debe a que hemos reconfigurado nuestros ecosistemas compartidos. Esto provoca que la transición sea mucho más probable. La deforestación, la minería, la agricultura intensiva y la expansión urbana destruyen los hábitats naturales. Esto obliga a las criaturas salvajes a aventurarse en las comunidades humanas. La caza, el comercio y el consumo excesivo de vida silvestre para consumo humano aumentan significativamente la probabilidad de infección entre especies. De aquellos polvos, estos lodos.

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